Llevan más de medio siglo alentando al dominó. Ese amor
por la rojinegra se inició en los inicios de la década del 70 del siglo pasado
y cada fin de semana se renueva. Buenos y malos resultados, sonrisas y
lágrimas, alegrías y penas, en más de 50 años de hinchaje fiel de dos hermanas,
Hilda y Mery Castillo, por su querido Melgar.
El fin de semana, estuvieron en las graderías del estadio
Arequipa. Esta vez no fueron a ver al equipo de varones, sino al de mujeres.
“Sabíamos, por referencias, que Melgar tenía un equipo femenino y por eso
fuimos al estadio a verlas. Es un buen equipo, juega bien”, afirma Hilda, de 80
años de edad.
Ella fue la primera en encandilarse con Melgar. “Los
comencé a ver desde la Copa Perú de 1971, cuando llevaba a mi hijo al estadio
para que los vea. Luego invité a mi hermana y comenzamos a ir continuamente; no
hemos fallado nunca. Hasta hemos sido socias del club”.
Siempre acompañada de Mery (84), se hizo recurrente
verlas en la tribuna preferencial del estadio Melgar. Las dos hermanas juntas,
a las que no solo las unía el amor fraternal, sino también, el amor por la
rojinegra.
Han sido basquetbolistas, jugaron por el Deportivo Lara,
y recuerda que vieron el Mundial de Básquet Femenino de 1964 que tuvo como
subsede a Arequipa. “Ese año se inauguró el coliseo Arequipa”, recuerda.
Antes en el estadio Melgar, siempre en preferencia; ahora
en el estadio Arequipa, alentando a la rojinegra. “El equipo ha mejorado, ahora
está muy bien. Se ha mejorado mucho con Jader (Rizqallah)”.
Han vivido aquellos años donde el descenso siempre
rondaba y quedar en media tabla parecía ser el único objetivo. “A veces
recordamos aquellas tardes donde estábamos ganando 3-0 y nos volteaban el
marcador; eran otros tiempos”.
¿Un partido que recuerde? “Cuando campeonamos en el 2015,
lloramos porque se campeonó contra todo y contra todos; fue como un desfogue
por tanto que uno sufre”.
Recuerdan a casi todos los jugadores que han pasado por
el club. Pero, como es lógico, tienen sus preferidos: “Al Patato (Eduardo
Márquez) lo conocíamos, vivíamos por el barrio. Era nuestro amigo, incluso nos
iba a ver cuando jugábamos básquet. Recuerdo mucho a Cachete (Ysrael Zúñiga),
ahora a Bernardo (Cuesta) y a Orzán, que es todo un caballero”.
Hilda y Mery representan a ese hincha rojinegro. Ese de
amor incondicional que está en las buenas y en las malas, que no derrama
lágrimas solo en las derrotas, sino también por esas tardes de gloria donde la
rojinegra las hizo vibrar de alegría. Las seguiremos viendo en la tribuna,
alentando, no solo a los varones, ahora también a las damas, a todo lo que sea
Melgar.

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