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Polar en una de sus últimas visitas a la cumbre del Misti. (Foto Miguel Mendoza). |
En su vida anterior fue montañista, eso lo deja claro
cada vez que está en la llanura de la montaña. Polar o Jocker, su nombre es
intrascendente, convirtió al Misti y sus alrededores en su patio de recreo,
donde el aire y el espíritu libre crean un ambiente místico, especial.
Es un can de mirada color caramelo, pelaje desordenado,
patas largas y una estructura corporal hecha para la montaña.
Jocker, así lo bautizó Miguel Mendoza, un bombero,
radioaficionado, ciclista y montañista. Lo conoció cuando las restricciones por
la pandemia disminuyeron. “Había que retomar las actividades físicas y decidí
ir al Misti a caminar un poco, ahí lo encontré. Me siguió y como estaba
comunicándome con mis amigos radioaficionados les dijo que había un perro que
me seguía y que lo iba a llamar Jocker”, recuerda.
Subió por la ruta clásica de San Luis, la directa. En la
larga caminata se unió un perro amigable que, pensaba, vivía en los basurales
que abundan en la zona alta de Selva Alegre.
El can lo siguió por Pastores, Cortaderas hasta Nido de
Aguilas (4600 msnm). Tiene algo especial, pensó, porque le seguía el paso sin
dudar. Ni el frío ni la altura lo atemorizaron.
Esa vez solo llegaron al campamento base. Volvió al año
siguiente. “No pensé que no nos volveríamos a encontrar”, se equivocó. Ese
perro blanco, casi albino, con peinado al viento lo reconoció, le meneó la cola
y se le acercó.
No era un perro vago. Tenía dueño, Samuel un cuidante de un
denuncio de arenales. Era uno más de un grupo de perros que habían convertido
esa inmensa pampa altiplánica en un patio donde jugar y sentirse libres.
Con Jocker han hecho cumbre en el Misti (5822 msnm) tres
veces, pero pueda que tenga más con otros montañistas. “Conoce la ruta. Existe una
pared de roca donde lo tenemos que cargar tanto en el ascenso como en el
descenso, sabe por dónde ir y camina sin problemas”.
Su amistad y apego con el can fue tal que adaptó una
pequeña mochila para que pueda cargarla en su lomo. Ahí llevaba su comida y
agua.
El año pasado, 2022, en la Competencia Internacional de Ascenso al
Misti que organizó el Club Deportivo de Andinismo de Arequipa, Jocker cambió de
nombre.
A Olga Huamaní, presidenta del club, Miguel le comentó
sobre la existencia de un perro que lo acompañaba regularmente a sus
incursiones en el Misti.
Cuando se realizó la competencia, el perro subió
acompañando al grupo de bomberos. “Vimos al perrito y notamos que estaba algo
desnutrido, es por eso que iniciamos una campaña pública solicitando apoyo para
comprarle comida”.
Lo llamó Polar por lo blanco de su pelaje. Lo llevaron al veterinario para sus vacunas, desparasitación y chequeos donde se corroboró que estaba desnutrido. También se determinó su edad, dos años y algo más.
El can seguía viviendo con su dueño Samuel. Se sentía
dueño de todo lo que podían ver sus ojos y cuando lo veía por conveniente se
daba tiempo de acompañar a montañistas que se adentraban en los terrenos del
Misti.
Olga cuenta que Polar cuidó la integridad de una familia
que estaba desorientada cuando descendía del Misti. El perro, entrada la noche,
los resguardó hasta que pudieron dar con ellos, luego se regresó a su casa.
En una de sus visitas rutinarias hace algunos meses para
llevarle alimento notó que no podía caminar. Tenía hinchada la pata derecha
producto, supone, de un mordisco en una pelea con una jauría. Le dañaron el
hueso.
Actualmente está en tratamiento a su cuidado, y aunque se
encuentra relativamente recuperado necesita estar en observación.
El pasado 8 de enero volvió, por algunas horas, a su hábitat acompañando a socios del club a una actividad en la pampa próxima a las faldas del Misti, en la parte alta del distrito de Selva Alegre.
Su última salida a la pampa. Se viene recuperando de una lesión a su pierna producto de un ataque de una jauría. |
Volvió a su patio, correteó, por momentos estuvo al
frente del grupo de caminantes, en otros desaparecía en medio de los
matorrales, sintió el aire gélido y corrió como si fuera un cachorro.
Jocker o Polar, pertenece a esa raza de perros mestizos,
por no decir chuscos, que tienen un vínculo especial con la montaña. En
Argentina está Oro, un can que ha subido cuatro veces el Aconcagua (6961 msnm),
Mera que conquistó el Baruntse (7120 msnm) en el Himalaya, Rupee que llegó al
campamento base del Everest o esos dos perros anónimos que coronaron en los
años 80’ la cumbre norte del Huascarán (6655 msnm).
Polar no es el primer perro que sube al Misti, hay otros
que lo hicieron con sus dueños; pero él lo hace por propia decisión porque le
gusta pararse en la cima, frente a la cruz, y ver lo extenso de su patio de
recreo.
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